La acidez estomacal se caracteriza por una sensación de ardor que comienza en el estómago y puede ascender hasta la garganta. Normalmente, suele presentarse una hora después de ingerir los alimentos y puede durar dos horas o más. Para evitarla, es importante controlar aquellos alimentos que sean más propensos a causar este tipo de síntomas.
Algunas verduras y ciertas hortalizas, como las espinacas, las berenjenas o el calabacín, se encuentran entre las mejores opciones para combatir la acidez estomacal, pero tampoco deben olvidarse las zanahorias, una hortaliza de la que hablaremos con más detalle en este post.
Las zanahorias son conocidas por su contribución a la salud ocular, pero, desde la antigüedad, se han utilizado también para mejorar la digestión y reducir ciertos desórdenes estomacales, gracias a su contenido en vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes.
En las siguientes líneas, vamos a comentar los beneficios más destacados de las zanahorias:
- Su alto contenido en fibra ayuda a combatir el estreñimiento, siempre y cuando se consuman cruda. Por contra, si se consumen cocidas, potenciarán su efecto astringente.
- Los beta carotenos presentes contribuyen a la reparación celular. Además, fortalece y revitaliza las uñas y el pelo, al que aporta brillo.
- Las zanahorias son ricas en vitamina A, lo cual ayuda en la producción de sebo y resulta beneficioso para el cuero cabelludo.
- Los antioxidantes que poseen ayudan a reducir los efectos de la edad, además de mantener la piel firme y sin arrugas.
- El flúor natural presente en las zanahorias permite conseguir una mejor higiene bucal, cuidando así las encías y los dientes.
- Las vitaminas (A, B, C y E) y los minerales (sodio, cloro y potasio), ayudan a prevenir enfermedades digestivas, así como a evitar la acidez de estómago.
- Su contenido en potasio y fósforo ayudan a vigorizar las mentes cansadas y contribuyen a regenerar los nervios.
Las zanahorias pueden encontrarse en fruterías y supermercados durante todo el año, aunque su temporada tiene lugar entre los meses de mayo a enero. Una vez compradas, lo idóneo es conservarlas en la nevera, donde te pueden durar hasta dos o tres semanas.
Pueden consumirse solas, ya sean enteras, troceadas o ralladas en ensaladas. Pero también pueden cocerse y consumirse en forma de purés, cremas o púdines, además de poder preparar con ellas una excelente bebida refrescante.
Si entre tus objetivos está el de reducir los síntomas de la acidez, ¡empieza por cambiar los hábitos alimentarios! 🙂 Cuéntanos, ¿cuál ha sido el hábito que has empezado a poner en práctica para prevenir el ácido del estómago?